Add here

fiona farrell

 

Fiona Farrell lives at Otanerito on Banks Peninsula.

She has written three books of poetry.

Her own website is

fionafarrell.com

ENAMORANDOME DE CAMINO A CASA

Me he enamorado
de camino a casa.

Primero, un lago
se recostó a mi lado,
desnudo hasta el horizonte.

Luego una colina me extendió
su brazo marrón y me acercó
hacia ella.  Podía oler el sudor
de sus hendiruras a cada vuelta.

Luego un puerto me lamió
la oreja, susurrando
las cosas que los puertos les dicen
a todas las chicas: sobre otros
sitios que han tocado,
pero tú eres la única, nena.
Eh, tú eres la única…

Luego alcancé la cima
y el cielo se elevó
sobre mí y su cara era
enorme y tierna. Respiró
en mi cabello y su aliento era
un águila colgada de un solo hilo.

Luego yo volaba. Caía.
Me encontraba completamente fuera de todo.
Rocas y nubes bajo
mis hombros. Extendida como
como la curva azul del océano.

Tómame, dije.

Tómame.

Soy tuya.

Tuya, cuando nací
con el Waitaki en mi mano izquierda
el Pacífico a mis pies
los Kakanuis a mi cabeza.

Tuya hoy.

Y tuya cuando
me encuentre finalmente envuelta
en una grieta de tu costado cicatrizado,
rezumando y desmenuzándome
en tu dulce oscuridad.

Tuya ahora y por siempre.

Mi país no dijo nada.
Es del tipo tranquilo.
Pero se recostó
y encendió una
larga
luminosa
puesta de sol.

English version

 

NUESTRO VIAJE A TAKAKA

Bueno, fuimos a Takaka
el fin de semana
y había una fuente.
Sí.
Una fuente.
Tiene el agua más pura de
Nueva Zelandia.
Fluye directamente del centro.
Y podíamos ver bajo el agua pura
con una cosa así como un espejo.
Y había una anguila.
Sí.
Una anguila, nadando de derecha
a izquierda como un carrete de lazo,
como un banderín ondulante.
Tú sabes: un banderín,
con dientes, y un ojo como un
pendiente de plata entre toda esa
alga de laguna. Y había
tantas burbujas. Cada una
era como un pequeño mundo
elevándose en su luminosa piel.
Y entonces fuimos a ver
las minas de oro.
Sí.
Minas de oro.
Y había unas cuevas
en la maleza. Habían raspado
las colinas hasta que la tierra corrió roja.
Y entramos en una de las cuevas
y había un joven durmiendo en las frondas de helecho,
meditando para amejorar
el mundo. Tenía consigo a su perro.
Sí.
Su perro.
Así fue como supimos que estaba allí.
La cueva era profunda, como una oreja.
O como un ombligo. Era profunda y
húmeda, y oímos al perro ladrar
abajo en la oscuridad y a un joven
diciendo, “Tranquilo!”
El barro en la cueva se pegó
a nuestras manos como sangre seca.
Le dimos al joven un pancito.
Sí.
Un pancito.
Con queso y huevo.
Y le dijimos, Bueno, suerte con la
meditación y con todo.
Él dijo, Sí, bueno, se esforzaría
por hacer lo mejor posible.
Luego manejamos a casa.
Sí.
A casa.
El sitio donde vivimos.

Y creo que el mundo se sintió un poquito mejor.
Sí.
Sólo un poquito mejor.
Después de nuestro viaje a Takaka.

Add your content here

ÁMAME

Ámame, como si estuviese
siempre a punto de
partir. Ámame, como si
mi maleta estuviese empacada y
yo en mi abrigo, esperando
al taxi. Ámame, como si
me fuese a ausentar por un
tiempo, en misión en un
campo de batalla,
corresponsal en el extranjero.
Ámame, como si pudiese
no haber un mañana.
Esta noche el mundo
acabará. Habrá bombardeos
aéreos.  Estamos ambos de
uniforme. Ámame, como si
mi barco estuviese partiendo
con la marea de la mañana,
atravesando las escarpaduras
para trazar aguas desconocidas.
Ámame, como si estuviésemos
solos en una cabaña en la montaña:
la nieve cae y es posible
que no nos encuentren jamás.

Ámame, como si el amor fuese
una terrible aventura.

 


 

Add your content here

EN POCAS PALABRAS

 

Hace dos semanas ella dijo
que conseguiría una bicicleta cuando
cuando llegara el verano, y yo
pensé que era valiente y
salvaje: my propia madre-
niña. Ahora, no se puede poner
en pie. Su piel cuelga
en pliegues como un lino pesado.
Sus manos son seda tornasolada,
azul y marrón como el
vestido que se puso para bailar.

porque Lo alabaste bailando
con pandereta y arpa.
Lo elogiaste bailando
sola en la oscuridad…

La arreglamos como una flor,
sus manos como hojas secas bajo
el edredón, su cabeza caída como
un capullo de lirio en su tallo marchito.

bailaste al son de la radio
en una habitación vacía,
ligera en los brazos del
único y verdadero novio…

Le canto todas las canciones y
ella se va caminando en perfecto ritmo,
por ese sendero largo largo,
a través de ese valle tranquilo y oscuro,
encaminada hacia el lado
asoleado. 

Sobre la desteñida Feltex rosada
bailaste mejilla a mejilla,
con Jesús quién es pareja
del pobre y del humilde.

Ella se posa sobre mi dedo
más pequeño.  Eleva su boca seca
y canta su gorjeada canción.
Es siempre para ella este
temprano amanecer. Es siempre
para ella este claro día. Y
queda por siempre suspendida justo en
este instante de vuelo.

tus hijas se acurrucaban
en las madrigueras de la noche
bailaste en tu vestido
que con la luz brillaba…

Cada noche nos arropaba en
cama, los rezos dichos, y el
mundo rodaba tranquilo a través
de la oscuridad. ‘Voltéate,’ decía. ‘Voltéate. De cara a la pared
y tendrás lindos sueños…’
Y en las noches de lluvia, el agua
goteando por las cañerías, ella decía,
‘Es una buena noche, buena para
dormir.’ Ahora está aquí:
arropada, con los pies hacia el mar, la cabeza
hacia la colina, abrigada con el barro de Merton amarillo
para mantener bien alejado el frío.
Y por encima, una alondra graba
su brillante canción en la oscuridad mientras
la lluvia llega desde el sur.
‘Buenas noches,’ decimos, nuestras
bocas suaves del llanto.
‘Es una buena noche, mi amor.
Una buena noche para dormir.’

porque Lo alabaste bailando
con pandereta y arpa.
Lo elogiaste bailando
sola en la oscuridad…

Add your content here

‘Durante los últimos tres meses el Dr Zenad ha estado observando los defectos de nacimiento en su sala de parto donde nacen a diario de 20 a 30 bebés. ‘Agosto – tuvimos tres bebés nacidos sin cabeza. Cuatro tenían cabezas anormalmente grandes. En Septiembre tuvimos seis sin cabeza, ninguno con cabeza grande y dos con extremidades cortas.  En Octubre tuvimos uno sin cabeza, cuatro con cabezas grandes, etc…’

(Maggie O’Kane reportando sobre los efectos secundarios del uso de munición recubierta con uranio empobrecido en Iraq después de la guerra terrestre de 1991.  The Guardian, Enero 1999).

 

EL CRANEO DE HAMED AMERI NO DEJA DE CRECER

(          )
(          )

Este es el lenguaje de la guerra.
¿Puedes escucharlo?
No son trompetas ni tambores ni el
estruendo de máquinas ni el                                  
retumbar de cañones. No es
el soldado cantándole a su amada
mientras que se pule las botas.
(          )
(          )
Este es el sonido que hace un niño
que nace sin cabeza. Este
es el sonido que hace una mujer
que labora para dar a luz a un niño sin
boca, sin orejas, sin
dedos, un niño cuya cabeza
se hincha como una calabaza.
(          )
(          )
¿Puedes escucharlo?
Este es el sonido de células de hueso
en frenesí. Este es el sonido de
un ojo rodando como fruta
magullada en su cuenca.
(          )
(          )

Este es el sonido que el niño
que no tiene orejas escucha. Este es el sonido
de la guerra. Este es el resonar
de trompetas y el aplaudir de
accionistas satisfechos. Este es
el silbar del científico en su
laboratorio. Este es el balbuceo de
muchas lenguas cuando son
simultáneamente traducidas en las
torres de vidrio en la ciudad de piedra.
Este es el eructar de hombres gordos
y el rascar de sus plumas
signatarias de todas las convenciones.
(          )
(          )
¿Puedes escucharlo?
El suave correr del agua cuando
los bebés se deslizan sobre la mesa,
llorando aunque no tengan bocas,
escuchando aunque no tengan orejas,
sus dedos trepadores enroscados en
hilos de significado.

Add your content here